27 DE DICIEMBRE DE 2026

Cada 31 de diciembre, las deportivas de Ulises y Laura despertaban con ansiedad existencial. No por la carrera, sino por el juicio estético de los tobillos. “¿Y si me combinan con calcetines navideños?”, murmuró la izquierda de Laura, propensa al drama. La derecha de Ulises, más pragmática, se preocupaba por el asfalto: “¿Y si este año lo asfaltaron con cemento emocional?”.

La San Silvestre Salmantina era su pasarela, su red carpet, su momento de gloria. Pero también su prueba de resistencia psicológica. Entre corredores disfrazados de reno y abuelas con ritmo de samba, las deportivas se preguntaban si el ser humano merecía tanta amortiguación.

Cuando cruzaron la meta, exhaustas y cubiertas de confeti, se miraron con complicidad. “Al menos no fuimos Crocs”, dijo la derecha de Ulises. Y brindaron, metafóricamente, con el sudor de sus plantillas, mientras la ciudad celebraba sin saber que sus zapatos tenían más dudas que propósitos.