La tarde de la carrera llega a Salamanca y las luces de la Plaza Mayor se van encendiendo como si se prepararan para la fiesta. Los corredores se juntan, algunos disfrazados, otros nerviosos, pero todos con el mismo deseo: despedir el año corriendo la San Silvestre. Entre ellos está Clara, que nunca había participado. Aprieta los cordones mientras los nervios le recorren por el cuerpo
Cuando suena la salida, el suelo empieza a temblar . El maravilloso bulevar de San francisco Javier espera a los corredores vestido de rojo . La gente anima desde los balcones, y Clara siente que cada aplauso le acerca mas a la meta . El frío se siente , pero la alegría abriga más que cualquier bufanda.
Al cruzar la meta, a Clara no le importaban el tiempo ni el cansancio. Sonríe, porque entendía que no corría para ganar, sino para empezar el nuevo año con ilusión.