27 DE DICIEMBRE DE 2026

Los aplausos no permitían que su voz se escuchara. El permanente flash de los fotógrafos impedía un segundo de concentración. El premio máximo de un atleta: ganar la San Silvestre. Camilo seguía allí, esperando a que las fotos continuaran, a que las pasiones del público dejaran un segundo en calma, para gritar su gran secreto. Jamás había sentido tanta tensión pero estaba decidido. “Haber ganado la San Silvestre masculina…” era una frase que se perdía entre vítores y flashes. Quería contarlo a los cuatro vientos. Fue entonces cuando su figura varonil adquirió un matiz de preocupación reflejado en sus ojos. Aquel 31 de Diciembre, ante todo el público, su preocupación superó todo lo imaginable. El pene que siempre simuló con un par de medias envueltas, se había impregnado de sangre. La menstruación, producto de la emoción, había regresado en el momento más inoportuno.