Como lluvia encarnada, a cuentagotas primero, luego en marejada intensa; en tropel desbordante de color y risa; en disfraz jocoso, tradición añeja, aplausos, repiques de palmas abiertas; movimiento compacto, musculatura tensa, sudor fluyente, alegría copiosa, feroz gritería de bocas sonrientes; en torno bordeada por muros de piedra, monumentos vivos, tradición eterna; calles, carteles, miradas con brillo —miradas de niño, a pesar del tiempo—, cultura hispana, velocidad plena bajo cielo inmenso, series de pies en cuerpos ligeros, traspasando edades y generaciones, en acción de gracias y con esperanzas; ya viene en carrera, vestida de magia, en alma la Sansilvestre por Salamanca Dorada.