Cuando vi anunciada la «SAN SILVESTRE SALMANTINA DE NUBES», entré en la Protectora y, rechazando los cirros y nimbos de pura raza, adopté una pequeña nube callejera, hija de mil gases diferentes.
Entrenábamos cada mañana para la carrera, y conmigo aprendió a mantener un ritmo constante, sin dejarse arrastrar por las bajas presiones.
Pero las semanas pasaron, ella creció y me mostró su lado más rebelde.
Dejó de entrenar y, cuando la reñÃa, hinchaba sus vapores, ennegrecÃa su color y me amenazaba con sus truenos.
Y desde hace unos dÃas ha empezado a arrojar, sin previo aviso, agua de lluvia por toda la casa.
Ayer hablé con un meteorólogo y me dijo que tuviese cuidado, pues la nube ya ha empezado a marcar su territorio.
Creo que el próximo año me inscribiré en la «SAN SILVESTRE SALMANTINA DE CARACOLES».
Quizá no suene tan poético, pero mi salud lo agradecerá.