27 DE DICIEMBRE DE 2026

Aquella lluviosa mañana, se decidió. Hasta el momento había sentido cierto miedo. En el fondo le asustaba no estar a la altura que ella misma se exigía. Sentada en aquél bar, el mismo bar de siempre, se lanzó a escribir. Después de esa vez, lo hizo cada día durante más de un año. Tenía la costumbre de hacerlo sin nunca leer lo que escribía. Esa tarde, entre varias copas de vino, pensó nuevamente en aquél autoimpuesto precepto. Al llegar a casa, aún con ese agradable efecto que le producía el alcohol en, temblorosa e insegura, se lanzó a leer. Al instante recordó nítidamente esa lluviosa mañana, ese bar, el bar de siempre, ese rápido cigarro mientras buscaba las palabras. Cuando terminó de leer el primer texto, sonrió, y después de sonreír, lloró, y después de llorar, pensó que aquello era lo mejor que había hecho en su vida.