Había ido a Salamanca por negocios, y como debía quedarme en la ciudad unos días, quise aprovechar mi estancia allí para correr la San Silvestre, puesto que las fechas coincidían con el tiempo que iba a permanecer en la ciudad.
El aliciente por correr en un lugar desconocido, me dio una motivación especial para participar en la prueba. Había corrido varias veces en otras carreras populares, pero siempre en sitios cercanos a mi localidad de residencia, por lo tanto, la competición salmantina, era mi primera experiencia extraterritorial.
Después de participar (no recuerdo ni en el lugar que quedé) me di cuenta, que todas las carreras son iguales, lo mismo da que sean en España o en Australia, al final la conclusión que sacas, es que correr es como la vida misma, si te paras no llegas, y en tu libertad de elección está seguir adelante o arrojar la toalla.