27 DE DICIEMBRE DE 2026

Nunca había corrido una maratón, pero este año se lo había prometido a sí mismo.
Sabía que no tenía nada que hacer y que estaría entre los últimos en la San Silvestre de Salamanca, pero no importaba.
Se trataba de una carrera contra sí mismo.
Debía demostrarse que las cicatrices que le habían dejado las operaciones para extirpar su cáncer, no iban a limitar esa segunda oportunidad que le había ofrecido la vida.
Quería sentir el roce del viento y el vértigo de la velocidad en su cara y observar como la adrenalina recorría su cuerpo.
Lo de menos era quedar el último. Lo importante era haber sido capaz de imponerse a las limitaciones surgidas en su cuerpo y en su alma tras su paso por el quirófano.
Y esa victoria nadie iba a poder arrebatársela.