Nunca habÃa corrido una maratón, pero este año se lo habÃa prometido a sà mismo.
SabÃa que no tenÃa nada que hacer y que estarÃa entre los últimos en la San Silvestre de Salamanca, pero no importaba.
Se trataba de una carrera contra sà mismo.
DebÃa demostrarse que las cicatrices que le habÃan dejado las operaciones para extirpar su cáncer, no iban a limitar esa segunda oportunidad que le habÃa ofrecido la vida.
QuerÃa sentir el roce del viento y el vértigo de la velocidad en su cara y observar como la adrenalina recorrÃa su cuerpo.
Lo de menos era quedar el último. Lo importante era haber sido capaz de imponerse a las limitaciones surgidas en su cuerpo y en su alma tras su paso por el quirófano.
Y esa victoria nadie iba a poder arrebatársela.