SentÃa mis piernas guiarme hasta el parque de los Jesuitas. Perdà la noción del tiempo con cada pisada. Mi corazón latÃa como nunca antes. La adrenalina me llevó hasta el puente romano. Una lágrima por la superación cayó a las aguas heladas del rÃo Tormes.
HabÃa logrado volar, levitar, soñar. Mi mente se despejaba cuando corrÃa.
Llegué hasta el campo de San Francisco, apodado: el grande. QuerÃa hacer historia como lo es este parque para la ciudad. Necesitaba valorarme mejor, saber que no estoy solo.
Arrancó la carrera con miles de participantes. Todos tenÃamos un pasado y un futuro, pero el presente es la unión de nuestras zancadas. No somos rivales, somos remos que nos impulsan a acabar la carrera. Miradas de apoyo. Sonrisas que reaniman. Un mismo espÃritu de liberación y paz.
La San Silvestre Salmantina es abrazar la felicidad, es compañerismo, es amistad.