27 DE DICIEMBRE DE 2026

El vaivén de su cola de caballo, el calor de sus mejillas, sus piernas corriendo solas, ya no sentía el cansancio, no tenía ganas de parar, ¡ocho años despreciados!, De frases hirientes perdonadas, aunque no olvidadas, como flaxes, eventos familiares perdidos. En cada kilómetro dejaba en el asfalto cada año dedicado a el. La rabia, la furia era más fuerte que el cansancio, ocho años exclusivos para el.
San Silvestre era el principio de una nueva vida, el final de una vida que nunca vivió, un finiquito por mail, había puesto fin a ocho años de exclusividad, de perder mucho para ganar poco. En la meta, con lagrimas en sus ojos, clavando sus rodillas en el suelo, grito…
Ya no sentía rabia, por primera vez, mientras recuperaba el aliento, se sentía liberada, se sentía viva.