Este año no correré la San Silvestre. Lo sé. Mi mujer dice que sí, que si me esfuerzo lo lograré. Pero yo sé que no. Y no es sólo por el desgaste físico que me supondría en esta etapa de mi vida, sino porque no me apetece, porque no tengo ánimo. Porque la San Silvestre Salmantina no es una carrera ni una prueba de atletismo de bajo rendimiento. La San Silvestre Salmantina es un acto festivo, la celebración anticipada de fin de año.
La corrí con mi padre, la he corrido solo, con amigos, con mi pareja y con mi hijo. Pero este año, no. Las secuelas del ictus están todavía demasiado presentes. Se lo digo a mi mujer y ella, con certeza, dice: «no te preocupes, cariño. Si no es este año, será el siguiente».