Tras la dura batalla, agotado, cubierto de sangre, polvo y sudor, el mejor corredor de la falange entra en Atenas, tras haber recorrido los más de cien estadios que la separan de la llanura de Maraton, para anunciar la buena nueva.
–¡Atenienses… hemos vencido!
–¡Calla, FidÃpides, inútil! –le grita un grupo de airados ciudadanos– que los etÃopes y los keniatas cruzaron la meta hace media hora…