27 DE DICIEMBRE DE 2026

Todo se nubló, apenas pude saber dónde estaba, todo daba vueltas y casi desfallezco. El cielo, antes azul y nítido se había vuelto grisáceo y difuso, oí una voz: «sigue, sigue», ahora no recuerdo si era alguien que me animaba o era mi voz interior pero me dio fuerzas, alcé la vista, respiré hondo, me tranquilicé y pude divisar que un poco más adelante se encontraba la cinta que marcaba mi meta. Los últimos metros se antojaban eternos, pero recorrerlos ahora significaba algo más. Una vez más mis ojos se encharcaron, pero esta vez de alegría…y allí estaba ella, con los brazos abiertos, esperándome.