27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ya me había puesto el dorsal. No debería participar. Como en el resto de facetas de mi vida, no me veía capacitado.
Mis pies pronto siguieron el ritmo, sin darme cuenta comencé a disfrutar. A nuestro paso, la gente desde los balcones nos animaba. Testigo de nuestra hazaña, la fachada de la Universidad, majestuosa e impasible. Y los Reyes Católicos en su medallón central, parecían sonreír orgullosos a mi paso.
Me sentí importante.
Solamente hay que imitar al de adelante y ser ejemplo para los que vienen detrás, con paso seguro y decidido, creyendo como nadie en uno mismo.
El puente romano nos esperaba. Pude ver en él a Lazarillo robando uvas a su amo ciego para poder sobrevivir, bajo el frío invierno castellano. Esta visión me alentó a aumentar el ritmo, sacar fuerzas y llegar a la meta siendo uno más, ni vencedor ni vencido, pero dichosamente vivo.