Al primero que adelantas es al tiempo muerto desperdiciado en programas basura de la caja tonta (o frente al portátil). Entre el dorsal 265 y el 672 también dejas atrás a la pereza, resoplando que qué ganas con eso, que lo dejes para otro día.
Sigues avanzando, el malestar sigue tus pasos pero no alcanza tu ritmo y al final te pierde. El insomnio y la inquietud por los problemas del trabajo y de tu familia resisten más, pero también logras adelantarles. Y el mal humor. Y el agobio. Y tus complejos te pierden la vista por el kilómetro diez.
Aún queda mucho. Perseverancia sigue a tu lado. Delante, todo el esfuerzo, y las ganas de no rendirse. El bienestar va en cabeza.
Queda mucho por ganar ahí, delante.
Así que mantienes el ritmo y no se trata de adelantar, sino de no dejar de correr.