Una voz interior me repetÃa: “Venga papá. A ver si llegas a meta el primero. ¿Eh?, ¿me oyeessss…? ¡El primero!†Era la voz de mi infancia, mi voz veintinueve años atrás que manifestaba esta ambición a mi padre. Ahora, yo era padre y me acompañaba mi hijo a la San Silvestre Salmantina. Mi pequeño no habÃa heredado mi carácter competitivo. Era conformista y a los seis años, me dijo: “Venga papá, lo importante es que llegues a la meta aunque entres el últimoâ€. Sus palabras no eran de pugna ni de desafÃo sino contributivas, fomentando la prueba deportiva, sin las ansias de ganar. Realicé la carrera con ambas voces que se iban alternando: la de mi infancia, que me hacÃa dar zancadas rápidas y largas, y la de mi hijo, que me permitÃa correr deportiva y sosegadamente, disfrutando. Correr combinando las dos voces me resultó mucho más gratificante.