27 DE DICIEMBRE DE 2026

Una voz interior me repetía: “Venga papá. A ver si llegas a meta el primero. ¿Eh?, ¿me oyeessss…? ¡El primero!” Era la voz de mi infancia, mi voz veintinueve años atrás que manifestaba esta ambición a mi padre. Ahora, yo era padre y me acompañaba mi hijo a la San Silvestre Salmantina. Mi pequeño no había heredado mi carácter competitivo. Era conformista y a los seis años, me dijo: “Venga papá, lo importante es que llegues a la meta aunque entres el último”. Sus palabras no eran de pugna ni de desafío sino contributivas, fomentando la prueba deportiva, sin las ansias de ganar. Realicé la carrera con ambas voces que se iban alternando: la de mi infancia, que me hacía dar zancadas rápidas y largas, y la de mi hijo, que me permitía correr deportiva y sosegadamente, disfrutando. Correr combinando las dos voces me resultó mucho más gratificante.