“Venga Pablo, que queda muy poquito. Luis no tires tan fuerte que se va a caer”. Mamá y papá siempre pendientes de mi hermano, el pequeño por 20 minutos de diferencia al nacer. Nuestra primera “san silvestre” con 7 años recién cumplidos. La verdad es que mola esto de correr, pero así no podré ganar si tengo que tirar de mi hermano. “Luis, cuidado, que viene un bache”. Pablo se para al oír la advertencia de mamá. Le hago desviarse a la izquierda y le animo a que esprinte en los últimos metros: “Pablo, corre que me ganas”. Entonces Pablo me suelta la mano y en unas zancadas cruza la meta, todavía sin estrenar. Pablo siente la cinta entre sus piernas y se pone nervioso. “¡Pablo, bieeen!” gritan papá y mamá. Mamá le abraza y le levanta, papá corre hacia mí y me toma en sus brazos: “Eres mi campeón”.