27 DE DICIEMBRE DE 2026

Salió de casa muerto de terror. Se miró en el espejo y se sintió ridículo con la colorida ropa que le habían regalado por Navidad su mujer y sus hijos. «¡Mira que obligarme a ir a correr la San Silvestre, con el frío que hace!», se quejaba sin mucha convicción.
Antes de salir a la calle hizo ademán de palpar un bolsillo inexistente; durante un instante quiso subir a casa, pero el recuerdo de su padre se lo impidió.
Lo mejor del ser humano es su pertinaz capacidad para repetir los mismos errores. Hacía pocos días habían enterrado a su padre. Un cáncer de pulmón se lo había llevado en menos de un mes.
El día de la San Silvestre, su hijo salía a participar en una carrera. Era la primera vez en años que no llevaba un paquete de tabaco encima. Tenía miedo, el miedo de la felicidad.