27 DE DICIEMBRE DE 2026

La Salmantina vuelve siempre, como la primavera y las vacaciones. Esta vez me preparé durante todo el año, porque no quiero limitarme más a percibir los pasos de los participantes, la respiración profunda de los atletas que pasan, ¡no! Deseo que el roce del viento en mi piel me diga que estoy corriendo por la plaza, escuchar que me gritan que falta poco y reír pensando que no quiero llegar a la meta; porque significa que ya se terminó. El día de San Silvestre dejaré gotas de sudor esparcidas por el recorrido, mientras mi marido me indicará que corrija hacia la derecha o gire a la izquierda, o me cuente que acabo de superar a mi vecino que va con su hijo en los brazos. Quiero correrla con todo mi cuerpo, mientras mis ojos ciegos la imaginan y mi corazón la abraza.