Recibà del abuelo su amor al deporte. Férrea disciplina llevándolo a caminar sobre las manos a los ochenta años. Su señorial cuello de oso y porte de atleta se asomaba entre sus pasos. Los años de campeón olÃmpico fueron despertando un mundo de posibles.
Dentro de la gimnasia rÃtmica, los aros requieren toda la coordinación y destreza. Aquella foto del abuelo jugueteando con los amigos después de la práctica cotidiana, se fue metiendo a mi alma. Su historia de campeón olÃmpico despacito me habitó Sus aros se volvieron mis piernas y delirantes ante el vuelo por el atletismo les crecieron alas. La disciplina del atletismo me salvó una y mil veces. Cuando rendida, sentÃa perderme, pensar en el abuelo me llevaba a tomar vuelo y no claudicar. La gran carrera Salmantina está cerca, late entre los corazones de los concursantes y mi pecho retumba, más allá de esta vida.