27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me emociona asistir al momento en que mi madre me busca en el listado que publica el periódico con los resultados de la San Silvestre Salmantina. Todos los años empieza por el último, desde que en mi primera participación terminara el octavo por la cola. Desde entonces, he entrenado como un jabato y ahora tiene que recorrer más de la mitad de la lista para encontrarme.
Es un trabajo duro para sus ojos, afectados por la degeneración macular húmeda, pero ella, como yo, tampoco se da por vencida. Antes apenas podía leer los titulares y, ahora, con la ayuda de unas lentes y unas inyecciones, se devora el periódico si algo le interesa.
—Quiero que aún me lo pongas más difícil— me dice sonriendo.
Por eso, cuando corro, de ella son mis piernas y son míos sus ojos. Por ósmosis familiar. Porque en la lista saldremos retratados los dos.