Llevaba todo el año preparándose para la primera carrera de su vida, soñaba con el premio. El estallido de las 12:30 desató el júbilo, pero Ãngel pensó que lo mejor era dosificar sus fuerzas en los kilómetros iniciales. Al entrar en la Plaza Mayor, algunas farolas comenzaban a iluminarse. Absorto, siguió hacia delante. Al pasar por la Casa de las Conchas, una densa niebla cegadora invadÃa la Calle de la CompañÃa. Creyó que era el momento de acelerar para colocarse en cabeza. Bajaba como un rayo el Paseo de la Estación. De las viviendas surgÃa olor a lechazo asado y unas voces televisivas familiares… ¿Eran las de Ramonchu y Anne Igartiburu? Ãngel avanzaba ensimismado, directo hacia la meta. Cuando la atravesó, en solitario, pensó que habÃa quedado en primera posición. De repente, decenas de fuegos artificiales explotaron en el cielo estrellado. HabÃa ganado, estaba seguro… ¿Qué otra cosa podrÃa ser?