27 DE DICIEMBRE DE 2026

La anciana vistió deportiva para saldar aquella promesa: no morir sin correr la San Silvestre Salmantina.
Curvada en primera fila, apoyada en su bastón, avanzó al oír la señal, dejándola atrás la multitud y golpeándola el 13 sin intención, haciéndola tropezar. Vengativa, apuró el trote, sin quitar vista de aquel borroso corredor de número indescifrable para su miopía. Se agitó, oxigenó sus venas y sudó por primera vez en años. Sus varicosas piernas vigorizaron y su cadera enderezó chasqueando, lanzando un berrido y dentadura postiza, aliviando el nervio ciático. Quemaba calorías y sus riñones filtraban como refinería, bajando el colesterol, subiendo la presión y apurándola su incontinencia.
Aceleró rejuvenecida, alcanzándolo a metros del final, para sorpresa del 13, decorando su rostro surcado una diabólica y desdentada sonrisa. Le atravesó el bastón “fortuitamente”, tumbándolo, y cruzó la meta, obteniendo el primer puesto, salud abundante y una denuncia penal.