Es previsible imaginar que esta locura acabe en urgencias, y yo conectado a un pulmón artificial.
En plena decadencia cincuentona, y renegando del tiempo, tráfico, polÃticos, gurús iluminados, colesterol, y mis bolsillos vacÃos, me acabo de “disfrazar†de atleta. No voy a dar detalles del cuerpo. Mi forma fÃsica huyó despavorida hace años cuando se me ocurrió calzarme unas zapatillas, y realizar un simulacro de estiramientos. Otra cosa bien distinta es mi espÃritu: competitivo y ganador. Un león enjaulado.
La última vez que corrà fue en una manifestación antinuclear en los 90, pero este Fin de Año Salmantino va a suponer un punto y aparte en mi camino al Olimpo. Un pedacito de gloria, un sueño para enmarcar. Al menos, que un amigo benevolente, me haga una foto en la salida ¡En la salida, eh!