27 DE DICIEMBRE DE 2026

Una inusitada preparación física me ubicó entre los primeros de la competencia. La meta estaba muy cerca y muy lejos también. A poco del final me situaba sólo en la punta. Pero esa soledad empezó a sentirse acompañada de fuertes mareos, piernas que empezaban a flaquear y un pecho a punto de explotar. El desvanecimiento fue inevitable.
Minutos después, entre gritos de aliento, me encontré atravesando la meta. Sin fuerzas, empapado de sudor y apenas lúcido, me descubrí más piernas y más brazos. Pero eran de otros competidores, los que me ayudaron desinteresadamente a llegar a destino.
Fue en ese instante cuando comprendí que la competencia no había sido tal, y que los competidores tampoco existieron. Había asistido a un evento único, donde el espíritu navideño se transpiraba.