27 DE DICIEMBRE DE 2026

Martín siempre quiso correr la San Silvestre Salmantina. Era una tradición familiar. Este año sería su debut. Estaba ilusionado. Pero una tarde de esas que deberían acabar antes de que empezaran, una moto le arrolló. Su vida se apagó, pero no del todo, porque su corazón siguió latiendo en el cuerpo de Sergio. Unos años después del trasplante, Sergio sintió unas inexplicables ganas de correr. Nunca antes le había atraído el deporte. Se inscribió para correr la San Silvestre.
Y llegó el día. Sergio corría como si alguien le estuviera prestando su fuerza. Por unos instantes, sin saberlo, el padre de Martín estuvo corriendo al lado del corazón de su hijo. Cuando Sergio llegó a la meta, se sentía en paz. Miró al cielo y vio una nube que le recordó a un rostro sonriendo. De alguna manera, Sergio hizo posible que Martín cumpliera su sueño: correr la San Silvestre.