MartÃn siempre quiso correr la San Silvestre Salmantina. Era una tradición familiar. Este año serÃa su debut. Estaba ilusionado. Pero una tarde de esas que deberÃan acabar antes de que empezaran, una moto le arrolló. Su vida se apagó, pero no del todo, porque su corazón siguió latiendo en el cuerpo de Sergio. Unos años después del trasplante, Sergio sintió unas inexplicables ganas de correr. Nunca antes le habÃa atraÃdo el deporte. Se inscribió para correr la San Silvestre.
Y llegó el dÃa. Sergio corrÃa como si alguien le estuviera prestando su fuerza. Por unos instantes, sin saberlo, el padre de MartÃn estuvo corriendo al lado del corazón de su hijo. Cuando Sergio llegó a la meta, se sentÃa en paz. Miró al cielo y vio una nube que le recordó a un rostro sonriendo. De alguna manera, Sergio hizo posible que MartÃn cumpliera su sueño: correr la San Silvestre.