SUEÑOS ROTOS
Había soñado durante años con correr la San Silvestre Salmantina. Llegó al hotel con los nervios del que está a punto de cumplir un deseo. Pero la noche anterior, un mal paso en las escaleras lo derribó. El tobillo se hinchó de inmediato, como una burla del destino. Al amanecer, mientras los corredores calentaban bajo el aire gélido, él encendió la televisión desde la cama, con el pie vendado y el corazón roto.
Las cámaras mostraban las calles que había imaginado recorrer: el Puente Romano, la Plaza Mayor, las cuestas que tantas veces soñó conquistar. Una mezcla de rabia y ternura lo invadió. Lloró, sí, pero también sonrió. Porque, aunque su cuerpo no cruzó la meta, sus ojos sí lo hicieron. Desde la distancia, sintió que corría con todos ellos, y en el silencio de su habitación, también ganó su propia carrera.
Seudónimo: Cándido Canalejas