Mi sueño era competir en la carrera de San Silvestre, me había preparado para ello, pero, en plena juventud, una insuficiencia cardiaca truncó mi ilusión.
El trasplante fue un éxito. Al año siguiente lo tuve claro, nada ni nadie me iba a privar de mi anhelo. Mi familia intentó persuadirme, pero me coloqué el pulsímetro y esperé la salida.
Bum……bum……bum, el ritmo cardiaco se mantenía. Estaba cansado, el sudor empapaba mi frente, bum….bum….bum, el esfuerzo hacía que mis latidos se aceleraran, era normal.
Entre el público pude ver a mi madre sonriente, pero el brillo de sus ojos la delataba. Por fin, vi la pancarta de meta, bum…bum…bum, mi corazón aguantaba, había acabado la carrera. Exhausto, pero feliz, levanté los brazos. Bum.bum.bum.bum.bum el ritmo se aceleró, en mi interior comprendí que era de júbilo y que habíamos cumplido un sueño; los dos.