La carrera siempre cruza por delante de mi casa. Yo participo cada año. Gran fiesta por San Silvestre. Ya no soy el de antes, pero aún me defiendo. En la última prueba me ocurrió algo insólito. Al llegar a la meta, vi que Sultán se abrÃa paso entre los corredores. Yo me habÃa hecho un rasguño en el tobillo al rozarme con un saliente metálico mientras me vestÃa. Brotó la sangre, la restañé y salà a correr; no era importante. Cuando pasaba por delante de casa –esto lo supe luego–, Sultán, que acompañaba a la familia como espectador, se escapó y comenzó a seguirnos. No hubo forma de que atendiera las llamadas de mi mujer y mis hijos. Siguió nuestra marcha en paralelo hasta el final. Entonces se acercó a mÃ, tiró del calcetÃn hasta descubrir la herida y comenzó a lamerla.