Estaba disfrutando de la carrera tal y como me habÃa imaginado. HabÃa estado más de tres meses preparándola concienzudamente, junto con Johnny, mi inseparable amigo. Nunca habÃamos participado en una prueba de este tipo y la preparación fÃsica y psicológica habÃa sido imprescindible para poder superar nuestro reto personal. No podrÃa decidir quién de los dos se encontraba en mejor forma.
Al girar por la calle Libreros, noté el aire helado en mi rostro. Johnny sólo abrÃa la boca para jadear, pero sentà que él también estaba disfrutando.
Mi regocijo fue máximo cuando llegamos a la meta. No pude percibir en qué posición aproximada acabamos la carrera, pero eso no era lo más importante, de hecho, era intrascendente. Oà como la gente nos aclamaba en los metros finales.
Cuando todo terminó, por fin, sudoroso, pude abrazar a Johnny. Su abnegación era absolutamente desinteresada, como la de todos los perros lazarillo.