27 DE DICIEMBRE DE 2026

Estaba disfrutando de la carrera tal y como me había imaginado. Había estado más de tres meses preparándola concienzudamente, junto con Johnny, mi inseparable amigo. Nunca habíamos participado en una prueba de este tipo y la preparación física y psicológica había sido imprescindible para poder superar nuestro reto personal. No podría decidir quién de los dos se encontraba en mejor forma.
Al girar por la calle Libreros, noté el aire helado en mi rostro. Johnny sólo abría la boca para jadear, pero sentí que él también estaba disfrutando.
Mi regocijo fue máximo cuando llegamos a la meta. No pude percibir en qué posición aproximada acabamos la carrera, pero eso no era lo más importante, de hecho, era intrascendente. Oí como la gente nos aclamaba en los metros finales.
Cuando todo terminó, por fin, sudoroso, pude abrazar a Johnny. Su abnegación era absolutamente desinteresada, como la de todos los perros lazarillo.