27 DE DICIEMBRE DE 2026

Si no fuese por Lucía no estaría aquí, piensas, colocado en un segundo plano, amontonado con otros corredores, a punto de empezar la San Silvestre. Cómo se me ocurrió venir, te lamentas mientras suena el pistoletazo y todos echan a correr. Tienes que esperarte a que se vacíe para salir, necesitas algo de espacio, y no tienes prisa, no corres para ganar. No debí venir, se repite en tu cabeza, nunca te creíste capaz, nunca te creyeron capaz. Hasta que apareció Lucía en tu vida. No existen más barreras que las que uno mismo se impone, decía, y tenía razón, y decidiste demostrarte a ti mismo que podías hacerlo. Y ahí estabas, el último, vitoreado a cada esquina, pero avanzando con la silla de ruedas.

Entonces ves a Lucía, te estaba esperando, te sonríe y corre contigo, te coge de la mano, y te dice, ves como sí podías.