27 DE DICIEMBRE DE 2026

Es el diciembre más gélido de los últimos años. Los pocos valientes que este año se han colocado el dorsal están aún lejos de mi pequeño oasis entre mantas y abrigos. Mientras espero el paso de los corredores el vaho que sale por mi boca dibuja diversas figuras movido por el aire: una liebre, una gacela, una paloma. Escondo todos estos seres entre mis manos cuando comprimo mis labios contra los pulgares. La ilusión me hace creer que, si los atrapo durante suficiente rato, calentarán con sus cuerpos mis dedos. El rítmico sonido de las zapatillas contra el asfalto me saca de mis pensamientos. Se acercan los primeros atletas. Me olvido de mis pequeñas criaturas aéreas y las libero al irrumpir en aplausos. No necesito ya de su calor. La energía frenética que recorre mi cuerpo me atempera. Mis espectros flotan al fin por el aire, libres de mis supersticiones.