En 1602, Luis Téllez ganó media docena de ducados por ceder temporalmente a uno de sus esclavos a una compañía teatral. El esclavo, tendría doble cometido: “pondrá carteles de las comedias en postes desta ciudad cada día a las oras ques vso y costumbre, más tañerá el atambor para que benga la gente a ber las dichas comedias”. Su nombre es Jöao y ve en el mandato la posibilidad para escapar. Pega un par de carteles, mira alrededor, y comienza a correr. Corre Jöao, atraviesa el tiempo, que es la forma de ser libre. Corre. Sabe que al correr, el mensaje que deja en el aire es parecido al de los carteles: “que ubiese representaciones para que el pueblo se alegrase”. Corre Jöao, tan rápido en ansias de libertad, que al abrir los ojos, se ve, corriendo, la San Silvestre Salmantina, tan libre como ayer.