27 DE DICIEMBRE DE 2026

¿Papá, por qué corres? Le preguntó con cara torcida de extrañeza el niño. Te veo sufrir y resoplar en cada zancada, en la terrible caída después de suspenderte en el aire y soltar un suspiro de alivio al pisar de nuevo el duro asfalto. De verte sudar el dolor acumulado en cada rincón de tu cuerpo, de retorcer tu rostro luchando por no llorar.
El padre cogió a sus cinco años de carne propia y lo plantó delante de su cara. Corro por la alegría, dijo con voz plana y sincera. Por huir de los complejos y miedos que me persiguen. Gritarle a mi cabeza que no se preocupe por la mediocridad. Para que mi alma entienda que estoy sano y capaz de superar todos los fracasos, incluido el de perder. Por estar vivo. Porque amo mi libertad y la tuya.
El niño miró y no habló más esa mañana.