27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me sobrecoge mi timidez de principiante. Y lo masivo de indumentarias deportivas. He preferido correr en solitario pese a la numerosa oferta de lazarillos.
Medio estiro. Las doce y veinticinco. Apenas cinco minutos para el comienzo de la San Silvestre de mi Salamanca, mi debut competitivo.
Evoco las palabras del neurólogo y sonrío.
El hormigueo, como radiación de fondo, sigue acantonado en la pierna derecha.
A mis 34, menos todavía que popular por mi pobre nivel atlético, pero más que singular por mi nueva condición fisiológica, debuto con la pretensión de reiterarme en sucesivas ediciones, pero el destino dicta sentencias con ojos vendados.
– Desaconsejo tu participación. No podrás terminarlo –restallan ahora esas palabras en mi consciente temeroso ante lo inminente.
Se equivocaba. El diagnóstico, tres meses atrás, de Parkinson prematuro ha vuelto implacable mi determinación de concluir esta trigésima edición.
Arrecia un disparo. Me estremezco y no interviene el frío.