Me miran de reojo, me sonrÃen, cada vez que paso me hacen una señal nueva. Ayer con los cordones formaron corazoncitos para hacerme caer entre sus coloridas redes. Confieso que me gustan. Mucho. Y ellas, pÃcaras, que lo saben, siguen poniéndome ojitos.
Pero las que tengo son tan buenas. Aunque no hayamos ganado nada, me cuesta decirles adiós. Son viejas, pero cómodas. Hemos corrido mil y una veces estas calles, el paseo del rÃo, la Plaza Mayor… Un año casi descubrieron la rana en la fachada de la Universidad; pero les metà prisa, porque nos adelantaban y perdÃamos posiciones.
Ya sea de dÃa, de noche, con frÃo, calor o diluviando, ellas forman parte de mà caminar.
Algún dÃa cambiaré mis viejas zapatillas. Pero en la carrera de este año no cederé a la tentación por unos colores llamativos y un diseño sostenible y ergonómico. Ellas dos aún me equilibran.