27 DE DICIEMBRE DE 2026

Me miran de reojo, me sonríen, cada vez que paso me hacen una señal nueva. Ayer con los cordones formaron corazoncitos para hacerme caer entre sus coloridas redes. Confieso que me gustan. Mucho. Y ellas, pícaras, que lo saben, siguen poniéndome ojitos.
Pero las que tengo son tan buenas. Aunque no hayamos ganado nada, me cuesta decirles adiós. Son viejas, pero cómodas. Hemos corrido mil y una veces estas calles, el paseo del río, la Plaza Mayor… Un año casi descubrieron la rana en la fachada de la Universidad; pero les metí prisa, porque nos adelantaban y perdíamos posiciones.
Ya sea de día, de noche, con frío, calor o diluviando, ellas forman parte de mí caminar.
Algún día cambiaré mis viejas zapatillas. Pero en la carrera de este año no cederé a la tentación por unos colores llamativos y un diseño sostenible y ergonómico. Ellas dos aún me equilibran.