HacÃa ya tres semanas que se marchó de casa. Tras seis años de relación, el recuerdo que le quedaba de él se aferraba a su pecho en una respiración descompasada y en el abrazo insomne de la noche. HabÃa tragado cantidades ingentes de pastillas recetadas, sin éxito. En tres semanas habÃa hecho más amigos en la farmacia que en la Universidad. Pero no se rendÃa, volverÃa a resurgir cómo el Ave Fénix. SabÃa de un antiguo remedio, lo habÃa escuchado desde siempre y estaba dispuesta a probarlo. Asà que tomó su dorsal y lo pegó en su camiseta. Aunque se sentÃa cansada estaba dispuesta a llegar a la meta. SabÃa que no hallarÃa mejor terapia, al menos de momento, que correr en la San Silvestre Salmantina. Comenzó la carrera con la promesa velada de que aquella noche, finalmente conciliarÃa el sueño.