Treinta San Silvestres lleva Vera en sus pies; 300 kilometros por las calles que la vieron nacer. En aquella primera edición de 1983, a sus 47 años, fue veterana y novata a la vez. Hoy, agarrada de la mano de su nieta, disfruta siendo la niña que no pudo ser.
Vera siempre ha vivido corriendo: han corrido sus piernas y sus ideas revolucionarias corrieron de boca en boca; fue mujer y atleta en tiempos que no tocaba ser.
Nació en la época equivocada; ella corría más de lo que el tiempo podía correr.
Sus piernas todavía siguen siendo ágiles, atraviesan el Puente Romano como si éste se fuera a caer. Su cabeza también corre, esta vez en retroceso, tiempo a través: cree que es niña y participa junto a su madre; cosa que siempre quiso pero nunca pudo hacer.