En la trigésima carrera San Silvestre Salmantina conocà a Poli. Se habÃa tropezado y se encontraba dolida de su tobillo izquierdo, como solo me habÃa inscrito por diversión, me detuve a apoyarla. No era nada grave y con una venda que llevaba en mi rodilla envolvà su tobillo, recordando mis clases de preparatoria de primeros auxilios, pero realmente fue el efecto placebo el que más influyó a que ella continuara con la carrera.
Acabamos lo poco que faltaba a paso lento, era igual a la Maga de Cortázar, si hubiese leÃdo Rayuela después y no antes de conocerla, me hubiera deprimido más el desenlace. Fantaseaba en todo momento, su pasado era parecido e incluso era madre soltera de un pequeño niño. Le pregunté si su hijo estaba enfermo. Contestó que no. Lo más impresionante es que su segundo nombre era LucÃa. Espero no convertirme en Oliveira.