Benito venía en el pelotón delantero y si bien no faltaba mucho para la meta, él se estaba quedando sin aire, sin piernas y sin fuerzas. Agotado pudo recordar dónde estaba y le pidió a Salamanca que le diera aire, piernas y fuerzas. Y eso sucedió y Benito ganó con justicia. Hubo algún espectador que hizo saber, con disgusto, que el dicho invocado no era así, sino todo lo contrario, a lo que otro respondió: “Qué quieres, con el Papa que tenemos…”