Aparca la moto. Llega desde el campus Miguel de Unamuno: el doctor House se dispone a correr la San Silvestre. No importan el infarto muscular de su pierna derecha, ni el bastón en llamas, pues el tratamiento de ketamina va a funcionar hasta fin de año. Por si acaso, porta con él su alijo de Vicodin. Pero las normas son de obligado cumplimiento. Con buenos modales le retiran el bastón. Corre en éxtasis bajo la euforia de quien se ha visto paralizado. Intuye las señales de llegada como en un trance onÃrico. Es el tercero en traspasar la meta. Se acercan sanitarios para la prueba de tóxicos.
—¿Cómo se atreven? ¡Hace mucho que dejé las drogas! —grita en un aceptable castellano.
Ante su prestigio, se retiran. Sube al pódium, exhausto. Y mientras le colocan su medalla, sonrÃe. «Todo el mundo miente. Todos. Todos››.