27 DE DICIEMBRE DE 2026

La noche antes de la carrera una fiebre me poseyó, y caí en un profundo sueño. En el cajón de salida sentía que aún no había despertado. Los calambres y mareos empezaron pronto, y creí ver un lince ibérico haciéndome de liebre. Mi frente ardía. Una rana a lomos de una calavera me salió al paso, gritando burlona: “¿Por qué corres? ¡Todo está aquí!”. Pero yo corría aún más, perseguido por una extraña y cambiante criatura, ora toro de lidia, ora demonio, que me mostraba el culo ofreciéndome un cucurucho de helado. Exhausto y desorientado pregunté a un astronauta: “¿Dónde está la meta?” Él hizo un gesto que abarcaba diez planetas y cien edades, y respondió: “Recuerda Ítaca”.
Al día siguiente terminé penúltimo la carrera. Un simpático agustino llegó andando detrás de mí. Sonriendo, me susurró: “Como decíamos ayer, todo está aquí”. Sí, estábamos en Salamanca.