La noche antes de la carrera una fiebre me poseyó, y caà en un profundo sueño. En el cajón de salida sentÃa que aún no habÃa despertado. Los calambres y mareos empezaron pronto, y creà ver un lince ibérico haciéndome de liebre. Mi frente ardÃa. Una rana a lomos de una calavera me salió al paso, gritando burlona: “¿Por qué corres? ¡Todo está aquÃ!â€. Pero yo corrÃa aún más, perseguido por una extraña y cambiante criatura, ora toro de lidia, ora demonio, que me mostraba el culo ofreciéndome un cucurucho de helado. Exhausto y desorientado pregunté a un astronauta: “¿Dónde está la meta?†Él hizo un gesto que abarcaba diez planetas y cien edades, y respondió: “Recuerda Ãtacaâ€.
Al dÃa siguiente terminé penúltimo la carrera. Un simpático agustino llegó andando detrás de mÃ. Sonriendo, me susurró: “Como decÃamos ayer, todo está aquÃâ€. SÃ, estábamos en Salamanca.