27 DE DICIEMBRE DE 2026

Ribera del Tormes, un maridaje, farinato y licor de guindas, dos celebridades, San Silvestre y Constantino disfrutan, dichosos y risueños, su fiesta.
Contemplan el milagro. Unos mortales convertidos en titanes, quebrando el asfalto helmántico a golpe de zancadas y sudor.
Miradas respetuosas, dorsales de plomo, paja y nubes, cordones y nervios reatados, entre promesas y retos, latidos y aliento. Inminente salida; un sinfín de almas hundidas en un mar de emociones en un ambiente… al dente. Festivo, entre humano y divino.
Un inicio, un final, mil caminos de llegar, y todos, vitoreados.
La rana fortuna, misteriosa y burlona, de una esquina a otra va, mientras susurros, los de Unamuno, cual bocanada de aire fresco, invitan a vencerse y convencerse cual centellas fugaces a los contendientes.
Del ayer de San Vicente a la Ciudad Dorada, hoy, su resplandor, nos alumbra sin reserva y con alevosía, fin del día, comienzo del año.