27 DE DICIEMBRE DE 2026

Hace casi un año. Todavía siente el zarpazo en los intestinos y hay días, como hoy, que parece arrastrar una pesada cadena que le aplasta contra el suelo. Acodado en la barandilla observa un atardecer violáceo sobre las torres de Manhattan. Si entorna los ojos… parece ver el Paseo de San Antonio y a sus amigos ajustando los cordones de las zapatillas de vivos colores, antes de empezar la carrera y compartir risas, deporte y esfuerzo; porque correr la San Silvestre, no es sólo correr, es compartir. Con las primeras luces de los rascacielos, que comienzan a encenderse, maldice la crisis que le hizo cruzar el planeta buscando una oportunidad.
Ella le devuelve a la realidad acariciándole el rostro. Trae un café caliente. Observa la nostalgia palpitando en el barniz de sus pupilas.
—Mañana correremos juntos por Central Park, será como estar en Salamanca —le susurra cariñosamente.