Parece que han pasado siglos, aunque apenas hayan transcurrido doce meses. Por fin ha llegado la San Silvestre, anunciando el fin de año.
Los días previos han sido los peores, empiezas a ver a todos entrenar, estirar, presumir de las últimas zapatillas recién traídas por el viejo barbudo ese. Algunos intentarán batir marcas; otros, simplemente, reunirse con los amigos cuando vuelven a la ciudad.Los más sensatos aparecen disfrazados, que siempre me ha parecido una forma estupenda de admitir que uno viene a disfrutar del esfuerzo.
Y por fin empieza la carrera. Pasan a mi lado resoplando, maldiciendo las cuestas y prometiendo que el año que viene comerán menos hornazo el Lunes de Aguas.
Yo no me muevo, llevo aquí muchos años, dispuesta a verlos caer. Cada diciembre vuelven a tropezar conmigo. Literalmente.
Qué quieren que les diga: las piedras también tenemos nuestras tradiciones.

27 DE DICIEMBRE DE 2026