Desconoce cómo empezó a correr. O puede que simplemente lo haya olvidado. Tal vez el motivo por el que no lo recuerda es porque ya no está en ese punto, el punto en el que necesitaba escapar, ansiaba salir por patas de una situación que se le había hecho insostenible y donde ya no se reconocía. Dejó esa primera vez atrás porque la han seguido otras muchas. Él, afortunadamente, ya no es el mismo. De la misma forma que cada carrera es diferente, él cambia también cada vez que participa en una. Sabe que lo hace para mejor, alejándose del hombre que fue y aproximándose a lo que siempre tendría que haber sido. Por eso espera cada final de año a la que es su carrera favorita, la San Silvestre, donde, una vez más, deja atrás lo que fue y da la bienvenida a lo que está por venir.