Los atletas permanecían hieráticos en la línea de salida observando ensimismados el extenso páramo que iban a recorrer. El aire permanecía estático, no se movía ni una brizna de rastrojo, costaba respirar. Un extraño presagio se cernía sobre la inminente prueba. Corrieron desganados, apáticos, indolentes, hasta alcanzar la Trinchera del Ferrocarril. Allí, el sol se ocultó repentinamente, las nubes cubrieron el desfiladero y un viento frío y seco sacudió a los participantes. Al aproximarse a la meta, todos ofrecían un aspecto desconcertado como de haber vivido una experiencia insólita. Ignoraban cómo ni de qué manera habían sido capaces de concluir un Cross que comenzó el primer domingo de febrero en Atapuerca y acabó en la plaza Mayor de Salamanca el 29 de diciembre del 2025.