27 DE DICIEMBRE DE 2026

Era mi primera carrera y los nervios me atenazaban antes de la salida. Quería creer que me encontraba físicamente preparado para terminar la San Silvestre. Sin embargo, un veterano corredor me advirtió de la importancia de la resistencia psíquica. De evitar que los pensamientos negativos relativos al cansancio, al esfuerzo, al sinsentido del sufrimiento banal ocuparan mi mente. Por suerte, al llegar al Paseo del Rollo, las mallas negras que envolvían unos glúteos espectaculares absorbieron mi atención. Llevaba mi mismo ritmo y en la camiseta lucía su nombre -Cris- bajo una melenita rubia, corta y suelta, como a mí me gusta. Con los codos defendí mi posición de privilegio hasta la meta y concentré mis percepciones en esos cadenciosos y cimbreantes movimientos de un cuerpo de ensueño. Al terminar, de entre el público una voz llamó su atención: ¡Cristian! Y un mozo con bigote rubio, corto y suelto se volvió.